jueves, 27 de agosto de 2015

Marx y Engels sobre España

La primera editorial en traducir los textos de Marx y Engels sobre España es la madrileña Cenit, en año tan tardío como  1929, el movimiento obrero socialista en España ya tenía más de 50 años de vida!!.
Su traductor fue Andreu Nin y fue traducido del ingles aunque el prologo es de la magnifica editorial y a continuación sigue una nota explicativa firmada por el Instituto Marx-Engels de Moscu, las aclaraciones a pie de pagina son de un tal Genaro Artiles, al que nunca se ha localizado, pudiera ser un seudónimo.
Los estudiosos son casi seguros que el prologo de Cenit es de Wenceslao Roces por el importante papel que desempeñaba en ella.
En él destaca la importancia del texto para los lectores de habla hispana, apuntando "hasta ahora estos artículos eran totalmente desconocidos en España. Ni siquiera los historiadores españoles más documentados sabían  su existencia". Y seguidamente da las gracias al Instituto Marx-Engels, cuyo director, Riazanov, "se ha propuesto recopilar todos los escritos de Marx". Así que los textos no fueron tomados del New York Daily Tribune sino del Instituto.
La edición abarca nueve artículos de Marx, distribuidos como nueve capítulos a semejanza de la serie España Revolucionaria, aunque con una diferencia, el primer capitulo "Espartero".
Lo más llamativo es que este esfuerzo editorial no reune más que nueve artículos, pensemos que la edición de Progreso de 1980 abarca 46 artículos de Marx y Engels sobre España.

   Las siguientes ediciones en castellano fueron  "La vanguardia" de los socialistas argentinos (1938) y la de la editorial Páginas de Cuba en 1942.
   En 1958 aparece en Moscu una traducción bastante parecida de la edición cubana y por fin en 1960 en la Barcelona franquista se publica "legalmente" por primera vez desde 1939  un trabajo de Marx y Engels, editado por Ariel y prologado por Manuel Sacristán.
Sacristán recuerda que todos los artículos son posteriores al manifiesto comunista que pertenecen a la etapa de los estudios económicos de Marx. Las consideraciones de Sacristán no intentan,  según su costumbre de desacralizar a Marx, salvar a éste de los reproches de Ballesteros o de Gerald Brenan.
Sostiene junto a muchos cuando no les gusta lo que escribe Marx que estos artículos eran parte de unos artículos realizados con el único objeto de venderlos al "Tribune" y poder comer. Es de suponer, que si Sacristán hubiese visto la bibliografia que usó Marx para documentarse sobre España, habría presentado el asunto de forma distinta.
O.E. MARX-ENGELS (tres tomos)Curiosamente los mejores estudios sobre estos trabajos permanecen en lengua extranjera. Elke Baumgart escribió su tesis doctoral, inedita: Spanien, die spaniche sprache und literatur im Werk von Karl Marx und Friedrich Engels, es decir,  España, la lengua y literatura españolas en la obra de Marx y Engels. Este profesor forma parte del grupo de Leizpig, catedraticos expulsados tras la caida del muro e iniciadores de la enciclopedia MEGA. Su tesis subraya el gran conocimiento de Marx y Engels de la cultura española y su relación con España en general. Destaca la especial estima que Marx tenia sobre El Quijote (tambien le gustaba Calderón y Quintana), el profesor Baumgart ofrece curiosas muestras del uso que hace Marx de la figura de Don Quijote. Que gran aporte sería la traduccion completa de este texto al castellano para poderse publicar!!!.
   El otro estudio importante es de otro aleman, Karl-Frieder Grube, tambien del grupo de Leizpig, su tesis doctoral, inedita tambien se titula Historia de la revolución española en el marco de la recepción de fuentes, del desarrollo de la teoria y de la propaganda politica: contribución al análisis de los extractos sobre España por Marx y a su edición en MEGA IV/12.
El estudio se refiere al conocimiento de España que Marx revela en ellos como a la intensidad de su lectura y a los periodos en que esta tuvo lugar. Grube afirma que los extractos de obras de Marliani, Toreno, Miñano, Hughes y Southey constituyen, desde el punto de vista cuantitativo, más de la mitad de los extractos sobre España.
   Naturalmente la aportación más importante es la de Manfred Neuhaus, profesor expulsado como tantos otros de la ex-RDA, que editó tras 25 años de trabajo el tomo IV/12 de la MEGA en el que se contienen los extractos de lectura sobre cuya base redactó Marx los artículos sobre España. Este tomo se vende en Amazon a 120 euros.
http://mega.bbaw.de/struktur/abteilung_iv

martes, 18 de agosto de 2015

Engels editor de Marx

¿Se conocía en realidad bien la obra de Marx, incluida La Ideología Alemana, después de su muerte? A la muerte de Marx, Engels se transformará en su primer editor, enfrentándose con este gigantesco filón de manuscritos codificados en la minúscula letra característica de su amigo y con cuidado trató de salir del problema, preparando la edición de los tomos restantes de El Capital. Una de las razones que esgrimía Engels para no trasladarse a Alemania, tal como se lo pedían desde el recién creado SPD, era su deseo de completar el trabajo de edición del Nachlass de Marx que se encontraba en Londres. Como una especie de Theofrasto moderno, Engels, con 62 años, se ocupó del desciframiento y edición de los manuscritos de su compañero, temiendo no concluir con esa misión, pues, como le confesara a Lavrov por carta: “…soy el único ser viviente que puede descifrar esa escritura y esas frases abreviadas…”. Es curioso que Engels, incluso con Marx en vida, había vislumbrado su papel de editor póstumo, ya sea por las limitaciones del propio Marx, ya por conocer el ritmo del trabajo de su amigo; recién fallecido Marx, Engels confesaba a Sorge que era mejor que se lo hubiera llevado la muerte, ya que: “…vivir teniendo ante él numerosos trabajos inacabados, devorado por el ansia de acabarlos y la imposibilidad de conseguirlo —esto le hubiera sido mil veces más doloroso que la dulce muerte que se lo ha llevado.” Al morir Marx surgió inmediatamente la idea de unas obras completas, que incluyeran todos sus trabajos juveniles, a pesar del desdén oficial del SPD y sus ideólogos.

 En un año tan temprano como 1883, la socialdemocracia rusa reunida en el Congreso de Copenhague realizó un llamado al SPD alemán para iniciar una edición popular exhaustiva .  Un año más tarde, abril de 1884, el propio Engels le comenta la misma necesidad a Rudolf Mayer, hablando de una edición lo más completa posible de los ensayos dispersos de Karl Marx: “…Gesamtausgabe von Marxens zerstreuten Aufsätzen…”.En mayo de 1885 es Hermann Schülter, responsable del diario socialdemócrata suizo Sozialdemokrat, quién le propone a Engels un plan de editar un tomo de compilación de escritos inéditos de Marx, que incluyera los de juventud, dentro de una futura serie titulada “Sozialdemokratische Bibliothek” . Otro visitante ruso en Londres, Voden, precisamente del grupo de Plejanov, que presionaba para editar todas las “viejas cosas” de Marx, le invitó Engels a ver los manuscritos con una gran lupa. Voden leyó el capítulo de la Die deutsche Ideologie, “Sankt Max”  (el Anti-Stirner), una versión más extensa de la Kritik a la filosofía del derecho hegeliana y otras partes de la Die deutsche Ideologie (las partes contra Bruno Bauer), y comprobó horrorizado lo difícil que era “descifrar los originales de Marx, cuya caligrafía me hicieron comprender la desesperación de sus profesores en la época de Tréveris”. Al mismo Voden le explicó su dilema el viejo General: “¿debería emplear el resto de su vida en publicar viejos manuscritos del trabajo publicista de los años 1840’s, o bien debería (después de haber publicado el tercer tomo de Das Kapital) editar los manuscritos de Marx sobre la historia de las teorías de la plusvalía?”

 En ese mismo encuentro Voden descubrió cierta aprensión de Engels hacia el Nachlass juvenil de Marx, incluida la Die deutsche Ideologie: “Nuestra siguiente charla giró en torno a los primeros escritos de Marx y Engels. Al principio, Engels pareció algo turbado de que yo mostrara mi interés por ellos… Engels preguntó cuáles eran los primeros escritos que le interesaban a Plejánov y sus seguidores y cuál era la razón de su interés. En su opinión tendría que ser suficiente el fragmento sobre Feuerbach, que él consideraba el más sustancioso de aquellas ‘viejas cosas’… Aproveché para volver sobre los primeros escritos de Marx, rogando a Engels que por lo menos arrancara los más importantes de un olvido inmerecido. Afirmé que las ‘Tesis sobre Feuerbach’ no eran suficientes. Engels contestó que para poder penetrar en aquellas ‘viejas historias’ era imprescindible estudiar al propio Hegel, cosa que hoy en día ya no era asunto de cualquier persona.” Pareciera que Engels o bien no tuviera tiempo para publicar todo el Marx disponible y desconocido o bien considerara al Nachlass, en el contexto del espectacular crecimiento electoral del SPD, de poca significancia práctica y limitado alcance ideológico.
Sostenía que aunque su contenido tuviera algún interés, su estilo semihegeliano, que ambos utilizaban en ese período, hacia esos textos intraducibles y, aparte, al estar escritos en alemán y con connotaciones culturales precisas, “habían perdido gran parte de su significado” . Engels, por ejemplo, se resistió a una traducción francesa del trabajo Kritik: Einleitung de 1857, y lo mismo con la edición de la correspondencia, el Briefwechsel von 1853, cuyo lenguaje calificaba como de “incomprensible” para el lector medio .

Engels falleció en 1895, dejando su misión inconclusa, que él mismo calificó irónicamente como de “mera selección” entre las diferentes versiones y diferentes redacciones trabajadas por Marx, sirviéndole de base siempre la última redacción disponible cronológicamente y cotejándolas con todas las anteriores. Es evidente que salvo raras y fortuitas excepciones (como el caso del capítulo “I. Feuerbach” de la Die deutsche Ideologie), Engels privilegió, casi exclusivamente, el trabajo editorial y de popularización en torno a la obra de crítica de la economía política y Das Kapital. Sabemos que esta obsesión engelsiana se debía al intento de realizar una obra orgánica y en lo posible, completa y sin fisuras, que pudiera enfrentarse la serie de críticas que surgían desde círculos burgueses, economistas neoclásicos y la academia. De esta manera finalizó la primera operación editorial sobre los manuscritos de Marx, realizada por aquel que siempre se consideró el “segundo violín”. Fue durante este trabajo de edición que polémicamente se constituyó el Marxismo como doctrina, lo que podría dar una hipótesis plausible de hasta qué punto y en qué medida tales presiones “políticas” externas influyeron sobre el propio trabajo editorial de Engels . El único fragmento juvenil de Marx que Engels dio a luz de la Die deutsche Ideologie fue “I. Feuerbach”, que ahora sabemos fue cuidadosamente “editado” cuando apareció en 1888 como apéndice la edición en forma de libro de su artículo “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana” . El Engels tardío se encuentra en medio de una situación histórica inédita, que le exige nuevas tareas dentro de su trabajo ya no de difusión, sino de polémica “defensa” del legado de Marx.

Los avatares en la edición de las obras de Marx y Engels

sábado, 15 de agosto de 2015

ENGELS del historiador aleman Heinrich Gemkow


Marx y Engels forman la pareja más importante de la filosofía política. Se complementaban perfectamente.
Marx lo llamaba una "enciclopedia andante".La historia no ha sido muy benevolente con Engels, oculto bajo la sombra de un gigante y además denunciado por algunos seguidores de su maestro.
Engels era más pragmático en la política. No era un gran filósofo político como Marx. Era consciente de que necesitas una maquinaria política para conseguir resultados. Siempre estaba presionando a Marx para que terminara los escritos con los que guiar al movimiento político. Tenía un punto de vista mucho más práctico al enfrentarse a la política. Sobre asuntos como la vida en las grandes ciudades, el imperialismo o el feminismo, era capaz de conducir a Marx en distintas direcciones. Lo más importante es que Engels comprendía la realidad práctica del capitalismo, cómo funcionaba por su experiencia en Manchester (donde trabajaba como gerente de la empresa de su familia).
De día dirigía una empresa y de noche conspiraba como revolucionario para acabar con el capitalismo.
Eso lo cuenta bastante bien un sobrino que le visitó en Manchester y que le hizo esa pregunta. Su respuesta fue que tenías que hacer esas cosas bajo el capitalismo para poder sobrevivir. Todo el dinero que ganaba lo utilizaba para financiar a Marx y acabar con ese sistema social. Personalmente, para él era terriblemente incómodo y en sus cartas a Marx aparece ese sentimiento, pero en cierto modo ese es el acuerdo al que llegó con el sistema. Nunca pensó que tenía que disculparse por eso.
Y nunca pensó en renunciar.
En su libro sobre la clase obrera en Inglaterra, vemos al Engels ensayista pero también al periodista que busca hechos en la calle.
Engels descubre que Marx ya es una gran figura histórica. De forma consciente, da un paso atrás. Ahí está esa gran frase cuando dice: "Yo estaba contento con ser el segundo violín ante tan gran primer violín como era Marx". Por eso, tendemos a olvidar su gran contribución. Pero siempre estuvo ahí para apoyar a Marx. Es aún más cierto después de la muerte de Marx, cuando se convierte en guardián del legado de su amigo.
Y le perdonaba todo. Marx era un desastre en muchas cosas de su vida personal y siempre estaba pidiéndole dinero.
La única crisis fue cuando Marx fue especialmente insensible tras la muerte de Mary Burns. Engels le escribe para contarle que Mary ha muerto. Marx le responde: "Eso es terrible, pero necesito cinco libras para el colegio de las niñas". Aparte de esa situación, fueron inseparables.
Tras participar en los combates en Alemania de la revolución de 1848, Engels regresa a Manchester. ¿Es una humillación?
Lo es. Es terrible para él. Pero pronto vuelve a darse cuenta de que, con independencia de cómo ha sido su vida en los últimos diez años, de sus expectativas, debe sacrificar sus ambiciones como revolucionario, y seguir trabajando en la industria del algodón y manteniendo a Marx, lo que fue un gran sacrificio.
Para escribir El capital', Marx reclama datos y cifras que desconoce.
Cuando Marx intenta comprender el funcionamiento del capitalismo, depende por completo de la información que le da Engels sobre la evolución de los salarios, el funcionamiento de la producción o la Bolsa. Eso condiciona su visión de Marx del capitalismo porque todo se refiere a la industria del algodón de Manchester, que es una evolución extrema y avanzada de lo que era el capitalismo de la época.
¿Podríamos imaginarnos cómo hubiera sido Marx sin Engels?
Marx seguiría siendo lo que fue, pero sin Engels no hubiera existido la maquinaria política, la propagación de sus ideas y la internacionalización. Le hubiera faltado la aplicación de sus ideas al imperialismo y al feminismo. No creo que el marxismo hubiera evolucionado de la misma manera.
La familia de Marx apodaba a Engels ‘el General’ por sus artículos periodísticos sobre temas militares. Era un experto de sofá, pero llegó a publicar buenos artículos sobre la guerra de Crimea y la guerra franco-prusiana en la prensa inglesa.
Desde joven, no era alguien que volviera la espalda a una pelea. Se inició en la esgrima, y no como deporte. Llegó a participar en algunos duelos. “Con el segundo, me batí ayer y le asesté una buena encima de la ceja, desde arriba, una verdadera parada de primera”, escribió en una carta.
Engels era un hombre de acción y de costumbres poco convencionales en un revolucionario. Sus textos se convirtieron en guía del feminismo marxista, pero antes, y para escándalo de unos cuantos comunistas puritanos, no perdía la oportunidad de pasearse con numerosas amantes.
Sin embargo, unos meses después estaba en Alemania y participó en primera línea del frente en los ataques contra la infantería prusiana. Nunca permitió que sus correligionarios olvidaran que había estado en las barricadas.
En Londres disfrutó de la libertad que nunca tuvo en Alemania. Todos los domingos su casa se abría a amigos para beber y discutir bajo una discreta vigilancia policial. “Es evidente que esos imbéciles piensan que estamos fabricando dinamita cuando en realidad hablamos de whisky”, se reía Engels.
Ya disponible:
F. ENGELS, de Heinrich Hemkow
1ª edición, Pamplona, Agosto 2015
21×15 cms., 481 págs.
Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo.
PVP: 20 euros
Pedidos: maimar_1@hotmail.com
Edición original del Instituto de Marxismo Leninismo del Comite Central del partido Socialista Unificado de Alemania.

domingo, 9 de agosto de 2015

El Prestigioso Historiador Pierre Vilar sobre Stalin

Yo quisiera decir primero que la palabra “presentación” conviene mal para las palabras que voy a pronunciar, y que serán pocas. No puedo hablar de las particularidades de la edición que se nos ofrece, pues son los mismos responsables de ella los más calificados para hacerlo.
Y si se tratase de “presentar” en algunos minutos la obra de Stalin como conjunto y método de pensamiento, como testimonio y preparación de su papel en la historia, yo no me sentiría a la altura, francamente, de tal presunción.

Yo quisiera decir sencillamente por qué he aceptado estar esta noche entre vosotros, como había aceptado, en el año del centenario, en 1979, escribir algunas observaciones sobre la parte de la obra de Stalin que pienso conocer un poco mejor: lo que se refiere a la definición y a la historia del hecho nacional. Otros puntos, otros dominios, en los que me siento menos calificado, no dejaré, naturalmente, de señalarlos, pero de una manera más rápida.

En 1962, yo dediqué tres volúmenes, gordos, demasiado gordos, a ciertos aspectos de la historia de Cataluña. En el prefacio, resumiendo las teorías, los análisis que se habían hecho, a través de la historia, sobre naciones y nacionalidades, yo señalaba que las obras de Stalin, en este dominio, eran, al mismo tiempo, las más claras y las más profundas para elucidar el valor de estas palabras y los hechos que podían designar. Mucha gente, desde entonces, ha interpretado mi posición, sea como si yo, partiendo de las frases de Stalin, las hubiera aplicado al caso catalán, como si fuesen un dogma; sea como si yo las hubiera citado porque, en los años en que preparaba mi libro, la referencia a Stalin “era de moda”. Interpretación disparatada. ¿Podía yo, tratándose de un problema de “nacionalidad”, ignorar las obras del que Lenin, en 1917, había designado como “Comisario para las Nacionalidades”, y que, desde ese puesto, había construido una federación de nacionalidades de tipo absolutamente nuevo? ¿Cómo no me hubiera interesado el pensamiento que le había permitido llegar a semejante construcción? Y como encontré en la expresión de este pensamiento, líneas teóricas fundamentales, las cité. Fue una sencilla manifestación de honradez intelectual.



Muy recientemente, acabo de leer un librito, de lo más superficial sobre el tema catalán, que se atreve a escribir:
El bolchevique georgiano no había hecho en 1913 sino una poco brillante abstracción de los elementos comunes de las grandes naciones-Estados europeos, formadas en los siglos XVIII y XIX bajo hegemonía burguesa”.
Es exactamente como si el autor de un manual de tercera fila para principiantes en Física, se permitiera escribir que Newton, o Einstein, no habían hecho sino una “poco brillante abstracción” de los conocimientos en Física de su tiempo. Además, la afirmación de que Stalin ha considerado únicamente la nación burguesa no es exacta, pues Stalin, analizando, en 1904, la cuestión georgiana, dice que hubo una “cuestión nacional” de los feudales, una “cuestión nacional” del clero, una “cuestión nacional” de los burgueses y de los pequeño-burgueses del “Sakartvelo”, periódico con el cual polemizaba, añadiendo que se podía prever, en el porvenir, una “cuestión nacional” de los proletarios, y, por acabar, la frase fundamental:
“La cuestión nacional, en las diversas épocas, sirve intereses distintos, adquiere matices distintos, en función de la clase que la plantea, y del momento en que la plantea”.

Repito que una frase de contenido tan denso, es de la categoría, en el campo del análisis histórico, de las ecuaciones fundamentales en el campo de la Física. Si no se tiene presente en todo momento, no se entiende nada ni de la cuestión nacional, ni siquiera de toda la historia del siglo XX, siglo de las liberaciones nacionales, de la descolonización.

Se suelen olvidar en muchas obras de gran pobreza intelectual, y que se creen “brillantes”, los hechos más enormes de la historia. Yo recuerdo siempre, y cito en varias ocasiones, una serie de la Televisión Francesa en que Bernard Henry Levi, “joven filósofo” pasado de un maoísmo descabellado a un reaccionarismo de lo más negro, tomaba esa actitud de superioridad, de desprecio, de condescendencia hacia el pensamiento bolchevique de la primera mitad del siglo XX. Alejandro Sanguinetti, diputado gaullista, pero buen historiador y formado en la resistencia de los años 40, se levantó y dijo: Joven esta gente ha hecho una revolución, y no una pequeña; ha ganado una guerra, y no una pequeña, y se ha guardado su imperio colonial, que es lo que no se les perdona. Ahora bien –yo añado– si se han guardado este imperio colonial, es que han dejado de considerarlo como tal. Es que han tenido una política de las nacionalidades. Después de los primeros choques determinados por los elementos burgueses o feudales de los confines euro-asiáticos, han establecido un nuevo tipo de relación entre los pueblos y poderes revolucionarios, y asegurado un nivel de desarrollo completamente distinto del que los imperialismos burgueses permitían a los territorios de sus colonias. Si las cosas fueron así, es el pensamiento de Stalin en este dominio lo que lo permitió. Y si han podido producirse cambios, fue después de su muerte. Toda la historia del siglo está ligada al conocimiento de sus tesis. No se trata pues, ni de “moda” ni de “brillantez”.


Obra editada y revisada por STALIN


Pero es precisamente porque el georgiano Stalin fue el especialista reconocido de la cuestión nacional en el pensamiento leninista y bolchevique, que la historiografía especializada, allí, en el antibolchevismo, le quiere quitar importancia y no duda, para hacerlo, en deformar la realidad.

Es así como el doctor Pipes, considerado en Estados Unidos como gran experto en sovietología (por eso es consejero del presidente Reagan, y eso no deja de inquietarme), ha afirmado, en un libro muy conocido, de 1954, con toda tranquilidad, que si Stalin, en 1913, estuvo encargado por Lenin de redactar un artículo sobre la cuestión nacional, fue “por casualidad”, porque el georgiano especialista, Shamian, no estaba disponible: que Stalin no había publicado nada sobre el tema, y que era un perfecto desconocido, de Lenin en particular. Y esto cuando, en las primeras páginas de todas las obras completas de Stalin, figura el artículo de 1904, del cual he citado las fórmulas fundamentales sobre la cuestión nacional. Además, Stalin había encontrado a Lenin en Tammerfors en 1905, en Estocolmo en 1906, en Londres en 1907. Y se sabe que, en 1912, en una carta a Gorki, Lenin habla del “maravilloso georgiano” que está redactando el artículo sobre nacionalidades. Es verdad que, según me ha contado Garaudy cuando era encargado de la edición francesa de las obras de Lenin, las autoridades jruschovistas habían suprimido esta carta de la edición rusa, y querían impedir que figurase en la francesa. Así se escribe la historia.

En cuanto al artículo de 1913, el antiestalinismo suele contradecirse. Trotski, demasiado inteligente para encontrarlo “malo”, dice que el mismo Lenin lo había corregido, casi redactado, línea por línea. Pero más corriente, hoy en día, es afirmar que a Lenin el artículo no le gustaba. Será por eso, probablemente, que ha escogido a Stalin como “Comisario para las Nacionalidades”.

En cuanto al fondo del artículo, suele escribirse que la definición de la nación es vulgar, pedagógica, empírica, etc. Lo que no se dice es que no es una definición sino un programa de investigación para cada caso concreto.
La nación es una comunidad (genlimehafl, no gesellshaft) humana, estable, históricamente constituible: es un problema de la conciencia de grupo, en la larga duración –una de las dimensiones del tiempo histórico–: además es un producto de la historia, –no de la divinidad, ni de la naturaleza– no es nada “transhistórica” como pretendía Poulanzas.

Idioma, territorio, vida económica, formación psíquica y cultural: todos los elementos han de ser reconstituidos y estudiados, con varios matices en los casos concretos. Pero si este hecho de larga duración, y psicológicamente eficaz, puede ser utilizado sucesivamente por clases distintas, es porque existe. Pero Luxemburg, que consideraba también el hecho nacional como un instrumento de clase, había escrito que era un “estuche vacío” en el cual cada clase ponía sus propias visiones.

Stalin, –como Lenin– no cree que se puedan utilizar estuches vacíos. El hecho nacional es históricamente utilizable porque existe. Todo el siglo XX verifica la visión estaliniana de la nación.

Y hay que leer seriamente los textos enteros. En el artículo de 1913, unos fabricantes de “obras selectas” suprimen generalmente el mejor estudio sintético del hecho nacional en el siglo XIX que nunca haya sido escrito. Es verdad que en Occidente, fuera de las naciones-Estados de tipo francés, o alemán, Stalin ignora, en 1913, el caso español. Trabajó sobre los casos de Europa Central. Pero establece perfectamente la jerarquía de los factores y de los actores.

Se dice muy a menudo que Stalin reduce la cuestión nacional a la del mercado. Pero leamos el texto y veremos si es “dogmático” y unilateral.

Para cada problema hay que leer a Stalin, obra que se consulta, como la de Marx. No se trata de leerlo de un tirón. Se trata de buscar, cada vez que uno se sienta cuestionado por la realidad, lo que Stalin, confrontado con una realidad del mismo tipo, ha escrito sobre ella. Es evidente que no se sacarán de la lectura conclusiones mecánicas. Se dice a menudo que Stalin imponía su artículo de 1913 como un catecismo. Pero, en una controversia sobre el hecho nacional, él mismo reprochó a un interlocutor haber tomado en 1925 el artículo de 1913 como referencia. Es fácil acusar sin haber leído.

Un último punto: el último mensaje de Stalin, “Los Problemas Económicos del Socialismo en la URSS”. Una obra fundamental: jóvenes tecnócratas empezaban a afirmar que todos los problemas de la URSS se resolverían por el progreso técnico. Stalin, que era un entusiasta del progreso técnico, ponía su país en guardia contra la idea de que las fuerzas productivas son el único factor de la transformación de una sociedad. Si las relaciones de producción, las estructuras sociales y la psicología colectiva, no cambian resueltamente, el progreso técnico se estancará. Y explicaba que el comunismo exigía todavía muchos cambios, particularmente el acercamiento del trabajo del campo y del trabajo industrial, del trabajo físico con el intelectual. Aconsejaba la educación politécnica y dibujaba un porvenir donde todos los hombres podrían tener numerosas posibilidades, cambiar de oficio para disfrutar de varios tipos de trabajo, y volver, con más tiempo, liberado por la técnica, a hacer del trabajo un gusto, como lo anunciaba Marx.

martes, 4 de agosto de 2015

Novedad, ENVER HOXHA, Obras Escogidas I

Ya disponible:
ENVER HOXHA, Obras Escogídas I
1ª edición,  Agosto 2015
910 págs.
Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo.
PVP: 25 euros
Pedidos: maimar_1@hotmail.com

Edición original 8 Nentori
Tirada limitada 75 ejemplares

¿Por qué el camarada Stalin fue condenado en el XX Congreso sin que los otros partidos comunistas y obreros del mundo fueran consultados previamente? Por qué ante los partidos comunistas y obreros del mundo se lanzó súbitamente el “anatema” contra Stalin, y muchos partidos hermanos se enteraron de esto sólo cuando el imperialismo hizo imprimir en gran cantidad el informe secreto del camarada Jruschov? (Enver Hohxa)

lunes, 3 de agosto de 2015

Nuevo!! F. ENGELS de Heinrich Gemkow

Ya disponible:
F. ENGELS, de Heinrich Hemkow
1ª edición, Pamplona, Agosto 2015
21×15 cms., 481 págs.
Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo.
PVP: 20 euros
Pedidos: maimar_1@hotmail.com

Edición original del Instituto de Marxismo Leninismo del Comite Central del partido Socialista Unificado de Alemania

LENIN sobre Engels:
El 5 de agosto del nuevo calendario (24 de julio) de 1895 falleció en Londres Federico Engels. Después de su amigo Carlos Marx (fallecido en 1883), Engels fue el más notable científico y maestro del proletariado contemporáneo de todo el mundo civilizado. Desde que el destino relacionó a Carlos Marx con Federico Engels, la obra a la que ambos amigos consagraron su vida se convirtió en común. Por eso, para comprender lo que Engels ha hecho por el proletariado es necesario entender claramente la importancia de la doctrina y actividad de Marx para el desarrollo del movimiento obrero contemporáneo. Marx y Engels fueron los primeros en demostrar que la clase obrera, con sus reivindicaciones, es el resultado necesario del sistema económico actual que, con la burguesía, crea y organiza inevitablemente al proletariado. Demostraron que la humanidad se verá liberada de las calamidades que la azotan actualmente, no por los esfuerzos bienintencionados de algunas nobles personalidades, sino por la lucha de clase del proletariado organizado. Marx y Engels fueron los primeros en esclarecer en sus obras científicas que el socialismo no es una invención de soñadores, sino la meta final y el resultado inevitable del desarrollo de las fuerias productivas dentro de la sociedad contemporánea. Toda la historia escrita hasta ahora es la historia de la lucha de clases, del cambio sucesivo en el dominio y en la victoria de una clase social sobre otra. Y esto continuará hasta que desaparezcan las bases de la lucha de clases y del dominio de clase: la propiedad privada y la producción social caótica. Los intereses del proletariado exigen que dichas bases sean destruidas, por lo que la lucha de clases consciente de los obreros organizados debe ser dirigida contra ellas. Y toda lucha de clases es una lucha política.
He ahí por qué el nombre y la vida de Engels deben ser conocidos por todo obrero; tal es el motivo de que incluyamos en nuestra recopilación -- que como todo lo que editamos tiene por objeto despertar la conciencia de clase de los obreros rusos -- un esbozo sobre la vida y la actividad de Federico Engels, uno de los dos grandes maestros del proletariado contemporáneo.
¡Memoria eterna a Federico Engels, gran luchador y maes tro del proletariado!

lunes, 27 de julio de 2015

El legendario comunista Marcelo Usabiaga falleció

El paso del tiempo nos priva de los últimos combatientes del Eusko Gudarostea. Ocurre al tiempo que en la actualidad nuestra prisa cotidiana nos distancia de una necesaria reflexión sobre sus pérdidas. Así de injusto lo primero, igualmente de inaceptable lo segundo. La vida nos priva de sus vidas, de todas y cada una de sus verdades contrarias al fascismo. Nos distancia, de su luchar único, de su plenitud casi centenaria provista de inigualables bagajes que mal pese a algunos es historia colectiva. El jueves falleció uno de ellos: Marcelo Usabiaga (Ordizia, 30 de octubre de 1916), miliciano del Batallón LuxemburgoArrosa del PC. Era un afiliado a las organizaciones PCE-EPK y Ezker Anitza-IU. Tenía 98 años. La Guerra Civil y el franquismo no pudieron con su vitalidad ni lucha; lo que sí logró un inesperado virus contraído en un hospital donostiarra que puso en jaque mate a su delicada salud de las vías respiratorias.
El libro Maizales bajo la lluvia (Alberdania, 2011), de Aitor Azurki (Donostia, 1983) escudriña su biografía -como la de otros diez soldados vascos del 36- y le resume en una frase como fusilero del Batallón Rosa Luxemburgo (PC), delegado de las Juventudes Socialistas Unificadas en el Frente Popular y teniente de una batería antiaérea republicana. Aunque ha fallecido a los 98 años, vivió en libertad durante 77, ya que 21 años los sufrió dispersado en cárceles del genocida Franco de todo el Estado, y de alguna, incluso, llegó a fugarse.
Ayer su familia, sus amigos y camaradas le rindieron un emotivo homenaje en un monumento contrario al franquismo existente en las cercanías del Ayuntamiento de Donostia. La convocatoria llevaba las siglas PCE-EPK. La familia se emocionó en este encuentro de despedida civil. Minutos antes, a las 11.00 horas, y en la intimidad, procedieron a la incineración de su cuerpo en Polloe.
Los referentes históricos, quienes se sienten eternos a la vista de quienes les admiran, cada vez, por ley natural, son menos. El pasado abril, la asociación memorialista Intxorta 1937 logró el mayor de los esfuerzos: reunió a una quincena de combatientes por la democracia y las libertades, entre los que estaba el propio Usabiaga. Los corazones antifascistas bombean en Antonio Telleria Bilbao (Batallón San Andrés, de ELA-STV), José Moreno Torres (Batallón San Andrés, de ELA-STV), Manuel Sagastibeltza Negrete (Batallón Abellaneda, del PNV), Regino Biain Guridi (Batallón Itxarkundia, del PNV); Inazio Ernabide Ecenarro (Batallón Loyola, del PNV); Benito Martín Barrioso (Batallón Cultura y Deporte, de las Juventudes Socialistas Unificadas); Gerardo Bujanda Sarasola (Batallón Saseta, del PNV), Luis Ortiz Alfau (Batallón Casero, de Izquierda Republicana), Juan Azkarate Araucua (único vivo de la Marina Auxiliar de Guerra), Baltasar Delgado Aguado (Batallón San Andrés, de ELA-STV), o Gregorio Urionaguena Arriaga (Batallón Eusko Indarra, de ANV). También, se muestran en primera línea de vida Miguel Soreasu, Fructuoso Pérez Arrospide (ambos del Batallón Otxandiano), Antonio Izagirre (Batallón Abellaneda, de 102 años), Iñaki Errekabidea (Batallón Itxarkundia) y, esperemos, poder llegar a tiempo a conocer y difundir la verdad de alguno más. Por desgracia, no hay constancia de milicianas vivas, ejemplos como el de Julia Hermosilla, de las Milicias Antifascistas de la CNT, fallecida en Baiona en 2009, según deja constancia Azurki en su librado citado. La última baja tras las de Félix Padín (de los batallones Isaac Puente CNT-5 Durruti, de la CNT), Mikel Garmendia Olaziregi (Batallón Itxarkundia, del PNV), Sebastián Mendívil Urquijo (Batallón Bakunin, CNT), Juan Larrinaga Atxabal Txarri (Batallón número 40 Mungia del PNV) o Marcelino Bilbao (Batallón Isaac Puente, de la CNT) ha sido la de Marcelo Usabiaga Jáuregui.
El gudari José Moreno Torres (Deusto, 10 de noviembre de 1918), conoció ayer la triste noticia por este medio. “¿Marcelo Usabiaga? El comunista que no faltaba a actos de memoria. Lo siento mucho y envío el pésame más sentido a su hijo y mujer, a su familia. ¡Cada vez vamos quedando menos! Y los medios de comunicación no nos hacéis tanto caso como antes”, reivindica este afiliado al PNV expresidente de la asociación Aterpe 1936, quien este otoño cumplirá 98 años.
CONDOLENCIAS Gazte Komunistak lamentó la muerte de Usabiaga, combatiente defensor de la República en la Guerra Civil. “Izan zirelako gara, garelako izango dira. Camarada, no has muerto, tu corazón late en nuestros puños. Adiorik ez!”, difundió. El periodista Aitor Azurki,escudero de Usabiaga en incontables viajes durante ocho años, concluía ayer en una columna de opinión publicada en Mugalari.info de la siguiente manera: “Sé y estoy convencido de que después de muerto también seguirás luchando en forma de recuerdo, ejemplo, referente en la memoria de centenares de personas; y aunque hayan pasado años, décadas, y la sociedad cambie, la memoria se esquine más aún, la gente evolucione, el olvido se apodere todavía más de nosotros y la indiferencia nos coma la vida, por último que me quede, seguiré desde nuestras trincheras, ya más vacías que llenas, disparando palabras, enarbolando la bandera de lo que eres: un eterno luchador”.
La familia de aquel a quien fusilaron a su hermano Bernardo en Pikoketa, por medio de su hijo el arquitecto y premiado escritor Miguel Usabiaga, ha dado las gracias por las innumerables muestras de admiración y cariño hacia Marcelo.
MARCELO USABIAGA

miércoles, 1 de julio de 2015

Apuntes sobre la novela social española

Hacia 1928 la editorial madrileña Historia Nueva inicia la publicación de una nueva colección narrativa bajo el epígrafe de " La Novela Social ", donde van a publicarse obras del peruano César Falcón (integrante del grupo Amauta), Joaquín Díaz Fernández (autor de El blocao, novela de Marruecos), Joaquín Arderíus y Julián Zugazagoitia. Por los mismos años, en el catálogo de la Editorial Cenit (Madrid) figuraban ya traducidas novelas soviéticas tan representativas como El cemento, de Fedor Gladkov  v o El don apacible, de Mijail Solojov. Se habían publicado ya varias novelas de Gorki y algunos relatos significativos de la nueva literatura rusa. Basta repasar los números de la Revista de Occidente para hallar los nombres de Ehremburg (1926), Ivanov (1926), Zotchenko (1932). Son los ecos del " realismo" que en 1934 se definiría como " socialista ", a los que hay que añadir la aparición en diversas Editoriales españolas de los nombres de los nuevos narradores norteamericanos (como Faulkner), de los latinoamericanos (como César Vallejo, quien publica en España tras su visita a Moscú en 1928, Tungsteno, en 1931, inaugurando una serie en la Editorial Cenit titulada " La novela proletaria " ), Mariano Azuela y La luciérnaga (publicada por Espasa-Calpe en 1932), etc. Joaquín Díaz Fernández en el prólogo a la segunda edición de Los principes iguales de Joaquín Arderíus señal a que en su novela "su musa , ardiente y amarga, feroz o tierna, no es otra que la vida misma ".  Se enfrenta en este breve y muy representativo prólogo el autor de El blocao con los escritores acusados de " esnobistas" o de "corruptores ".

Octubre rojo en Asturias        RioTajo-Arconada

Díaz Fernández ataca su " estilo literario, que se convierte en química literaria, exacerbación de las metáforas científicas, cultivo del cultista Góngora (hasta el punto de que legiones de líricos se dedican a seguirlo como una falsilla), indiferencia por toda actividad espiritual que no sea la artística '! He aquí un ataque dirigido contra los poetas que de manera equívoca la crítica viene denominando " generación del 27", aquellos que como Lorca, Alberti, Bergamín, Guillén, Diego, Aleixandre, Cernuda, etc. participaban en la conmemoración del Centenario gongorino en 1927. Pero en el seno mismo de esta generación poética la evolución renovadora era muy rápida. Se pasaba entre 1929 y 1934 desde el lenguaje surrealista (Alberti, Larca o Prados) al lenguaje de intencionalidad crítico-social. En el ámbito de la novela, tras la inflexión que supuso la experiencia de la vanguardia, el realismo de la novela joven (Sender o Díaz Fernández o Carranque de Ríos) venía a situarse en la prolongación de la tradición realista crítica que vemos arrancar de la novela del siglo XIX, en el grupo de novelistas designados con superficialidad por la crítica como eróticos o galantes. Los novelistas jóvenes adscritos al realismo social, quienes se apartan de los cenaculos orteguianos preponderantes en la época, son quienes viven el fin de la dictadura de Primo de Rivera y quienes contemplan con esperanza el advenimiento de la República. El proceso revolucionario español está en marcha y sólo se verá bruscamente cortado por la guerra civil. Se ha dicho con frecuencia , y con razón , que los escritores de la generación de los años veinte son principalmente poetas. La eclosión lírica en España no tiene paralelo en otras épocas inmediatas y hay que remontarse al Siglo de Oro para hallar una lírica de tanta calidad. Tan sólo los nombres de Ciges Aparicio -especialmente en Los caimanes (1931)- , César M. Arconada, con La turbina (1930) y Ramón Sender, con diversas novelas, merecen citarse en la novela. Aparece tímidamente el mundo del trabajo, pero fundamentalmente, la novela realista social sigue siendo en gran medida - y el mejor ejemplo es Sender- una elaboración de experiencias personales.
        El campo andaluz
Gonzalo Sobejano afirma en la que es, posiblemente, la mejor historia de la novela española contemporánea algo que siguiendo el esquema que venimos exponiendo no resulta cierto: " que antes de 1936 los novelistas de España, con raras excepciones, cultivaban un tipo de novela marcadamente subjetiva y dado a la abstracción".
 Tal afirmación sólo resulta parcialmente aceptable. En cambio, pese a su excesivo esquematismo, podemos inicialmente aceptar que la novela española de la postguerra se prolonga en dos direcciones: novela existencial y novela social, entendida esta última como la que refleja " el vivir de la colectividad en estados y conflictos que revelan la presencia de una crisis y la urgencia de una solución" .
 La estética de la novela realista y social española ha resultado siempre crítica , puesto que de dar cuenta de una realidad incómoda se trata. El novelista de la postguerra ignora, en buenaparte, aquellas corrientes anteriores que sólo cuajaron en la evolución narrativa en escasa medida

 Las obras de Arturo Barea (La forja de un rebelde), Ramón J. Sender (El verdugo afable), Max Aub (sólo conocido en la preguerra como autor teatral), Francisco Ayala, Segundo Serrano Poncela, etc. , se desarrollan en el exilio. La novela del interior, silenciada por las dificultades de todo orden que atraviesa el país, comienza a dar señales de vida en la corriente realista con Nada (1945), de Carmen Laforet (relato existencial y autobiográfico que contemplado ya a distancia posee escasa entidad en sí mismo ) o La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela (mezcla de valores realistas y costumbristas , con rasgos tremendistas y esperpénticos). No es nuestra intención aquí plantear el desarrollo de la novela que se desarrolla a ambos lados del Atlántico sin prácticamente contacto hasta la década de los sesenta. Sin embargo, conviene considerar brevemente las dificultades por las que atraviesa el género. Hoy conocemos, por ejemplo, las que impuso la censura franquista incluso a los novelistas surgidos en su propio campo, como a Rafael García Serrano, en La fiel infantería(1943) o a Javier Mariño, de Gonzalo Torrente Bellester, publicada en el mismo año. La lucha por la novela será también, por consiguiente, la lucha contra la censura y estará condicionada por las facilidades o dificultades que imponen en cada momento las circunstancias históricas.
    

 A partir de 1950 un grupo de jóvenes novelistas pretende ofrecer un testimonio objetivo del mundo circundante. Cela publica La colmena en 1951, pero se ve obligado a editarla en la Argentina. Con considerable retraso llegan las influencias de la novela norteamericana -difundida en España también a través de traducciones argentinas-, la nueva novela italiana mal agrupada bajo el epígrafe de "neorealista " y solo en 1958, coincidiendo con una mayor liberalización del régimen, Jesús López Pacheco publica Central eléctrica; en 1950, Antonio Ferres, La piqueta (1959) y Juan García Hortelano, Nuevas amistades (1959) y La mina (1960), de Armando López Salinas. Fiestas, de Juan Goytisolo (1958), y Las afueras, de Luis Goytisolo (1958). El grupo vino auspiciado por dos editoriales de signo bien diverso: Seix-Barral (capitaneada por el escritor Carlos Barral) y Destino (editora que tiene en su haber el haberse propiciado un premio que reúne algunos de los mejores novelistas del momento, el " Nadal"). A los nombres citados habría que sumar otros varios; pero la novela pasaba con ellos a convertirse no sólo en un testimonio crítico del entorno , sino que adquiría actitudes naturalmente sociales. La novela tenía como misión - al margen de sus virtudes más o menos literarias- el servir como instrumento político antifranquista y aparecía ligada a concepciones netamente marxistas, ya que buena parte de tales novelistas militaban o estaban en las proximidades del Partido Comunista Español.
Pero el realismo social no se planteara con rigor hasta Alfonso Sastre y su anatomia del realismo.




miércoles, 17 de junio de 2015

ELOGIO DE "EL CEMENTO". Mariategui

Mariátegui, un clasico iberoamericano.
He escuchado reiteradamente la opinión de que la lectura de El Cemento de Fedor Gladkov no es edificante ni alentadora para los que, fuera todavía de los rangos revolucionarios, busquen en esa novela la imagen de la revolución proletaria. Las peripecias espirituales, los conflictos morales que la novela de Gladkov describe no serían, según esta opinión, aptos para alimentar las ilusiones de las almas hesitantes y miríficas que sueñan con una revolución de agua de rosas. Los residuos de una educación eclesiástica y familiar, basada en los beatísimos e inefables mitos del reino de los cielos y de la tierra prometida, se agitan mucho más de lo que estos camaradas pueden imaginarse, en la subconciencia de su juicio.
En primer lugar, hay que advertir que El Cemento no es una obra de propaganda. Es una novela realista, en la que Gladkov no se ha propuesto absolutamente la seducción de los que esperan, cerca o lejos de Rusia, que la revolución muestre su faz risueña, para decidirse a seguirla. El pseudo-realismo burgués —Zola incluido— había habituado a sus lectores a cierta idealización de los personajes representativos del bien y la virtud. En el fondo, el realismo burgués, en la literatura, no había renunciado al espíritu del romanticismo, contra el cual parecía reaccionar irreconciliable y antagónico. Su innovación era una innovación de procedimiento; de decorado, de indumentaria. La burguesía que en la historia, en la filosofía, en la política, se había negado a ser realista, aferrada a su costumbre y a su principio de idealizar o disfrazar sus móviles, no podía ser realista en la literatura. El verdadero realismo llega con la revolución proletaria, cuando en el lenguaje de la crítica literaria, el término "realismo" y la categoría artística que designa, están tan desacreditados, que se siente la perentoria necesidad de oponerle los términos de "suprarrealismo", "infrarrealismo", etc. El rechazo del marxismo, parecido en su origen y proceso, al rechazo del freudismo, como lo observa Max Eastman en La Ciencia de la Revolución tan equivocado a otros respectos, es en la burguesía una actitud lógica, —e instintiva—, que no consiente a la literatura burguesa liberarse de su tendencia a la idealización de los personajes, los conflictos y los desenlaces. El folletín, en la literatura y en el cinema, obedece a esta tendencia que pugna por mantener en la pequeña burguesía y el proletariado la esperanza en una dicha final ganada en la resignación más bien que en la lucha. El cinema yanqui ha llevado a su más extrema y poderosa industrialización esta optimista y rosada pedagogía de pequeños burgueses. Pero la concepción materialista de la historia, tenía que causar en la literatura el abandono y el repudio de estas miserables recetas. La literatura proletaria tiende naturalmente al realismo, como la política, la historiografía y la filosofía socialistas.
El Cemento pertenece a esta nueva literatura, que en Rusia tiene precursores desde Tolstoy y Gorki. Gladkov no se habría emancipado del más mesocrático gusto de folletín si al trazar este robusto cuadro de la revolución, se hubiera preocupado de suavizar sus colores y sus líneas por razones de propaganda e idealización. La verdad y la fuerza de su novela, —verdad y fuerza artísticas, estéticas y humanas—, residen, precisamente, en su severo esfuerzo por crear una expresión del heroísmo revolucionario —de lo que Sorel llamaría "lo sublime proletario"—, sin omitir ninguno de los fracasos, de las desilusiones, de los desgarramientos espirituales sobre los que ese heroísmo prevalece. La revolución no es una idílica apoteosis de ángeles del Renacimiento, sino la tremenda y dolorosa batalla de una clase por crear un orden nuevo. Ninguna revolución, ni la del cristianismo, ni la de la Reforma, ni la de la burguesía, se ha cumplido sin tragedia. La revolución socialista, que mueve a los hombres al combate sin promesas ultraterrenas, que solicita de ellos una extrema e incondicional entrega, no puede ser una excepción en esta inexorable ley de la historia. No se ha inventado aún la revolución anestésica, paradisíaca, y es indispensable afirmar que el hombre no alcanzará nunca la cima de su nueva creación, sino a través de un esfuerzo difícil y penoso en el que el dolor y la alegría se igualarán en intensidad. Glieb, el obrero de El Cemento, no sería el héroe que es, si su destino le ahorrase algún sacrificio. El héroe llega siempre ensangrentado y desgarrado a su meta: sólo a este precio alcanza la plenitud de su heroísmo. La revolución tenía que poner a extrema prueba el alma, los sentidos, los instintos de Glieb. No podía aguardarle, asegurados contra toda tempestad, en un remanso dulce, su mujer, su hogar, su hija, su lecho, su ropa limpia. Y Dacha, para ser la Dacha que en El Cemento conocemos, debía a su vez vencer las más terribles pruebas. La revolución al apoderarse de ella total e implacablemente, no podía hacer de Dacha sino una dura y fuerte militante. Y en este proceso, tenía que sucumbir la esposa, la madre, el ama de casa; todo, absolutamente todo, tenía que ser sacrificado a la revolución. Es absurdo, es infantil, que se quiera una heroína como Dacha, humana, muy humana, pero antes de hacerle justicia como revolucionaria, se le exija un certificado de fidelidad conyugal. Dacha, bajo el rigor de la guerra civil, conoce todas las latitudes del peligro, todos los grados de la angustia. Ve flagelados, torturados, fusilados, a sus camaradas; ella misma no escapa a la muerte sino por azar; en dos oportunidades asiste a los preparativos de su ejecución. En la tensión de esta lucha, librada mientras Glieb combate lejos, Dacha está fuera de todo código de moral sexual: no es sino una militante y sólo debe responder de sus actos de tal. Su amor extra-conyugal carece de voluptuosidad pecadora. Dacha ama fugaz y tristemente al soldado de su causa que parte a la batalla, que quizás no regresará más, que necesita esta caricia de la compañera como un viático de alegría y placer en su desierta y gélida jornada. A Badyn, el varón a quien todas se rinden, que la desea como a ninguna, le resiste siempre. Y cuando se le entrega, —después de una jornada en que los dos han estado a punto de perecer en manos de los cosacos, cumpliendo una riesgosa comisión, y Dacha ha tenido al cuello una cuerda asesina, pendiente ya de un árbol del camino, y ha sentido el espasmo del estrangulamiento—, es porque a los dos la vida y la muerte los ha unido por un instante más fuerte que ellos mismos.

II
El Cemento de Fedor Gladkov y Manhattan Transfer de John Dos Pasos. Un libro ruso y un libro yanqui. La vida de la U.R.S.S. frente a la vida de la U.S.A. (Los dos super Estados de la historia actual se parecen y se oponen hasta en que, como las grandes empresas industriales, —de excesivo contenido para una palabra—, usan un nombre abreviado: sus iniciales). (Véase L'autre Europe de Luc Durtain). El Cemento y Manhattan Transfer aparecen fuera del panorama pequeño-burgués de los que en Hispanoamérica, y recitando cotidianamente un credo de vanguardia, reducen la literatura nueva a un escenario europeo occidental, cuyos confines son los de Cocteau, Morand, Gómez de la Serna, Bontempelli, etc. Esto mismo confirma, contra toda duda, que proceden de los polos del mundo moderno.
España e Hispanoamérica no obedecen al gusto de sus pequeños burgueses vanguardistas. Entre sus predilecciones instintivas está la de la nueva literatura rusa. Y, desde ahora, se puede predecir que El Cemento alcanzará pronto la misma difusión de Tolstoy, Dostoyevsky, Gorky.
La novela de Gladkov supera a las que la han precedido en la traducción, en que nos revela, como ninguna otra, la revolución misma. Algunos novelistas de la revolución se mueven en un mundo externo a ella. Conocen sus reflejos, pero no su conciencia. Pilniak, Zotschenko, aun Leonov y Fedin, describen la revolución desde fuera, extraña a su pasión, ajena a su impulso. Otros, como Ivanov y Babel, descubren elementos de la épica revolucionaria, pero sus relatos se contraen al aspecto guerrero, militar; de la Rusia Bolchevique. La Caballería Roja y El Tren Blindado pertenecen a la crónica de la campaña. Se podría decir que en la mayor parte de estas obras está el drama de los que sufren la revolución, no el de los que la hacen. En El Cemento los personajes, el decorado, el sentimiento, son los de la revolución misma, sentida y escrita desde dentro. Hay novelas próximas a, ésta entre las que ya conocemos, pero en ninguna se juntan, tan natural y admirablemente concentrados, los elementos primarios del drama individual y la epopeya multitudinaria del bólchevismo.
La biografía de Gladkov, nos ayuda a explicarnos su novela. (Era necesaria una formación intelectual y espiritual como la de este artista; para escribir El Cemento), Julio Alvarez del Vayo la cuenta en el prólogo de la versión española en concisos renglones, que, por ser la más ilustrativa presentación de Gladkov, me parece útil copiar.
"Nacido en 1883 de familia pobre, la adolescencia de Gladkov es un documento más para los que quieran orientarse sobre la situación del campo ruso a fines del Siglo XIX. Continuo vagar por las regiones del Caspio y del Volga en busca de trabajo. "Salir de un infierno para entrar en otro". Así hasta los doce años. Como sola nota tierna, el recuerdo de su madre que anda leguas y leguas a su encuentro cuando la marea contraria lo arroja de nuevo al villorio natal. "Es duro comenzar a odiar tan joven, pero también es dura la desilusión del niño al caer en las garras del amo". Palizas, noches de insomnio, hambre —su primera obra de teatro Cuadrilla de Pescadores evoca esta época de su vida. "Mi idea fija era estudiar. Ya a los doce años al lado de mi padre, que en Kurban se acababa de incorporar al movimiento obrero, leía yo ávidamente a Lermontov y Dostoyevsky". Escribe versos sentimentales, un "diario que movía a compasión" y que registra su mayor desengaño de entonces: en el Instituto le han negado la entrada por pobre. Consigue que lo admitan de balde en la escuela municipal. El hogar paterno se resiste de un brazo menos. Con ser bien modesto el presupuesto casero —cinco kopecks de gasto por cabeza— la agravación de la crisis del trabajo pone en peligro la única comida diaria. De ese tiempo son sus mejores descripciones del bajo proletariado. Entre los amigos del padre, dos obreros "semi-intelectuales" le han dejado un recuerdo inolvidable. "Fueron los primeros de quienes escuché palabras cuyo encanto todavía no ha muerto en mi alma. Sabios por naturaleza y corazón. Ellos me acostumbraron a mirar conscientemente el mundo y a tener fe en un día mejor para la humanidad". Al fin una gran alegría. Gorky, por quien Gladkov siente de joven una admiración sin límites, al acusarle recibo del pequeño cuento enviado, le anima a continuar. Va a Siberia, describe la vida de los forzados, alcanza rápidamente sólida reputación de cuentista. La revolución de 1905 interrumpe su carrera literaria. Se entrega por entero a la causa. Tres años de destierro en Verjolesk. Período de auto-educación y de aprendizaje. Cumplida la condena se retira a Novorosisk, en la costa del Mar Negro, donde escribe la novela Los Desterrados, cuyo manuscrito somete a Korolenko, quien se lo devuelve con frases de elogio para el autor, pero de horror hacia el tema: "Siberia un manicomio suelto". Hasta el 1917 maestro en la región de Kuban. Toma parte activa en la revolución de octubre, para dedicarse luego otra vez de lleno a la literatura. El Cemento es la obra que le ha dado a conocer en el extranjero".
Gladkov, pues, no ha sido sólo un testigo del trabajo revolucionario realizado en Rusia, entre 1905 y 1917. Durante este período, su arte ha madurado en un clima de esfuerzo y esperanza heroicos. Luego las jornadas de octubre lo han contado entre sus autores. Y, más tarde, ninguna de las peripecias íntimas del bolchevismo ha podido escarparle. Por esto, en Gladkov la épica revolucionaria, más que por las emociones de la lucha armada está representada por los sentimientos de la reconstrucción económica, las vicisitudes y las fatigas de la creación de una nueva vida.
Tchumalov, el protagonista de El Cemento, regresa a su pueblo después de combatir tres años en el Ejército Rojo. Y su batalla Más difícil, más tremenda, es la que le aguarda ahora a su pueblo, donde los años de peligro guerrero, han desordenado todas las cosas. Tchumalov encuentra paralizada la gran fábrica de cemento en la que, hasta su huida, —la represión lo había elegido entre sus víctimas—, había trabajado como obrero. Las cabras, los cerdos, la maleza, invaden los patios; las máquinas inertes se anquilosan, los funiculares por los cuales bajaba la piedra de las canteras yacen inmóviles desde que cesó el movimiento en esta fábrica donde se agitaban antes millares de trabajadores. Sólo los Diesel, por el cuidado de un obrero que se ha mantenido en su puesto, relucen prontos para reanimar esta mole que se desmorona. Tchumalov no reconoce su hogar. Dacha, su mujer, en estos tres años se ha hecho una militante, la animadora de la Sección Femenina, la trabajadora más infatigable del Soviet local. Tres años de lucha —primero acosada por la represión implacable, después entregada íntegramente a la revolución— han hecho de Dacha una mujer nueva. Niurka, su hija, no está con ella. Dacha ha tenido que ponerla en la Casa de los Niños, a cuya organización contribuye empeñosamente. El Partido ha ganado una militante dura, enérgica, inteligente; pero Tchumalov ha perdido su esposa. No hay ya en la vida de Dacha lugar para un pasado conyugal y maternal sacrificado enteramente a. la revolución. Dacha tiene una existencia y una personalidad autónomas; no es ya una cosa de propiedad de Tchumalov ni volverá a serlo. En la ausencia de Tchumalov, ha conocido bajo el apremio de un destino inexorable, a otros hombres. Se ha conservado íntimamente honrada; pero entre ella y Tchumalov se interpone esta sombra, esta obscura presencia que atormenta al instinto del macho celoso. Tchumalov sufre; pero férreamente cogido a su vez por la revolución, su drama individual no puede acapararlo. Se echa a cuestas el deber de reanimar la fábrica. Para ganar esta batalla tiene que vencer el sabotaje de los especialistas, la resistencia de la burocracia, la resaca sorda de la contra-revolución. Hay un instante en que Dacha parece volver a él. Mas es sólo un instante en que sus destinos se juntan para separarse de nuevo. Niurka muere. Y se rompe con ella el último lazo sentimental que aún los sujetaba. Después de una lucha en la cual se refleja todo el proceso de la reorganización de Rusia, todo el trabajo reconstructivo de la revolución, Tchumalov reanima la fábrica. Es un día de victoria para él y para los obreros; pero es también el día en que siente lejana, extraña, perdida para siempre a Dacha, rabiosos y brutales sus celos.
Федор Гладков - Цемент
En la novela, el conflicto de estos seres se entrecruza y confunde con el de una multitud de otros seres en terrible tensión, en furiosa agonía. El drama de Tchumalov no es sino un fragmento del drama de Rusia revolucionaria. Todas las pasiones, todos los impulsos, todos los dolores de la revolución están en esta novela. Todos los destinos, los más opuestos, los más íntimos, los más distintos, están justificados. Gladkov logra expresar, en páginas de potente y ruda belleza, la fuerza nueva, la energía creadora, la riqueza humana del más grande acontecimiento contemporáneo.



NOTA:
1 La primera parte del presente ensayo apareció en Repertorio Americano (Tomo XIX, Nº, 20; San José, Costa Rica, 23 de Noviembre de 1929) como Preludio del elogio de El Cemento y del realismo proletario; y fue trascrita en Variedades (Lima, 7 de Enero de 1930) bajo el título de El realismo en la literatura rusa. La segunda parte fue inserta, también en Variedades (Lima, 20 de Marzo de 1929), con un epígrafe semejante al de los restantes comentarios bibliográficos debidos a José Carlos Mariátegui: "El Cemento por Fedor Gladkov".
Al unificar ambas partes hemos adoptado como titulo el que se deduce de la publicación hecha en Repertorio Americano, pues nos parece obvio que tal era el propósito de su autor.

lunes, 8 de junio de 2015

Introducción a las Obras Escogídas de Marx-Engels



Hemos editado las O.E. en tres tomos
En la presente edición, aparecen los materiales ordenados del siguiente modo. En el primer tomo, se han reunido aquellas obras en las que se exponen predominantemente los problemas generales de la teoría y se sientan los fundamentos teóricos de la concepción marxista del mundo (materialismo dialéctico, teoría económica, doctrina del partido del proletariado, de su estrategia y táctica, doctrina de la misión histórica del proletariado y de su papel en la historia).
En el segundo tomo, se recogen principalmente las obras históricas y políticas de Marx. En sus comentarios sobre los acontecimientos históricos de su tiempo, Marx nos ha legado modelos geniales de aplicación del método de la dialéctica materialista, elaborado por él, al estudio de la historia concreta. Sobre los materiales históricos, las ideas de Marx encontraban su piedra de toque y su expresión concreta. Y al estudiar la experiencia histórica, desarrollaba la política y la táctica del partido proletario.
Las obras de Marx y Engels forman un todo único, se hallan penetradas por una sola concepción del mundo: la del comunismo científico. Desde el punto de vista teórico, son modelos de dialéctica materialista. No se las puede entender más que enlazadas a la lucha de masas del proletariado.
El comunismo científico toma su contenido teórico de todo lo que sucede en la realidad del desarrollo histórico. El problema no está en inventar un régimen social perfecto, como lo hacían los utopistas, sino en «investigar el proceso histórico-económico», cuya consecuencia necesaria es la aparición histórica de las clases, de la burguesía y el proletariado, y encontrar en la situación económica creada por el proceso histórico los medios para decidir la lucha. Marx emplea la expresión de «socialismo científico», «comunismo científico», por oposición al socialismo utópico que pretende inculcar en el pueblo nuevos fantasmas cerebrales, en vez de limitar su ciencia a estudiar el movimiento social desarrollado por el pueblo mismo».
Condición inexcusable de la lucha del proletariado, es su organización. El proletariado debe librar su lucha de un modo organizado, guiado por una teoría revolucionaria; sólo así adquirirá su lucha una fuerza invencible. La primera piedra de esta organización la pusieron Marx y Engels ya en 1847, con la creación de la Liga de los Comunistas. El «Manifiesto Comunista» era el programa de este partido.
En íntima relación con el movimiento revolucionario de masas del proletariado, luchando sistemáticamente contra el socialismo pequeño-burgués y contra el oportunismo, que suplantaban la lucha de clases por quimeras sobre la conciliación de las clases, Marx y Engels defendieron el partido de clase del proletariado, que dirige su lucha de clases, y elaboraron la estrategia y la táctica de este partido. La continuación directa de la obra de Marx y Engels, de su lucha por el partido proletario, fue la lucha que libraron Lenin y los bolcheviques contra todas las formas y variedades del oportunismo.
El descubrimiento de la concepción materialista de la historia, hecho por Marx, encierra una importancia enorme para la lucha de la clase obrera; fue el que abrió la perspectiva para la más grandiosa revolución de todos los tiempos: la revolución proletaria. Dio al proletariado el arma teórica insustituible para dirigir su lucha por el derrocamiento del Poder de la burguesía, por la supresión de las clases, por el comunismo. Sobre esta base teórica, sobre la base del estudio concreto de la realidad en marcha, con ayuda del método creado por Marx, se forma también la ciencia que necesita la clase obrera para su lucha: la teoría marxista-leninista.
«La teoría –dice Stalin– es la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto general. Naturalmente, la teoría deja de tener objeto cuando no se halla vinculada a la práctica revolucionaria, exactamente del mismo modo que la práctica es ciega si la teoría revolucionaria no alumbra su camino. Pero la teoría puede convertirse en una formidable fuerza del movimiento obrero, si esta teoría se forma en indisoluble relación con la práctica revolucionaria, pues ella y sólo ella puede infundir al movimiento la seguridad, la fuerza de orientación y la comprensión de las conexiones internas de los acontecimientos que nos rodean; pues ella y sólo ella puede ayudar a la práctica a comprender, no sólo cómo y hacia donde se mueven las clases en el momento actual, sino también cómo y hacia dónde habrán de moverse, en un futuro inmediato. ¿Quién sino Lenin dijo y repitió decenas de veces la conocida tesis de que «sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario»?.
El estudio atento de las obras de Marx y de su actuación permite comprender su método de trabajo, aprender su modo de abordar los fenómenos históricos y la lucha proletaria. Su actuación puede servir de modelo para dirigir la lucha actual del proletariado por el comunismo. A todo el que quiera continuar la obra de Marx, su labor y sus obras deben servirle de guía para estudiar los nuevos fenómenos sociales, para resolver las nuevas tareas prácticas.
A continuación de los artículos que dejamos enumerados, vienen las obras «Del socialismo utópico al socialismo científico» y «Manifiesto del Partido Comunista», que son la mejor introducción a la esencia de las ideas del comunismo científico. En estas obras, se habla de las tres partes integrantes del marxismo: se da una noción general de la base teórica del marxismo –la dialéctica materialista–, de las leyes que rigen el desarrollo de las relaciones capitalistas, de la situación revolucionaria del proletariado en la sociedad capitalista y de la misión histórico-universal de aquél, que de aquí se deduce: suprimir las clases y crear la sociedad comunista. En el «Manifiesto» se contienen los fundamentos, todavía hoy actuales, del programa y la táctica del partido proletario. Hablando del «Manifiesto Comunista», Lenin señala que en él se expone, «con claridad y brillantez geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente, que abarca también el campo de la vida social, la dialéctica, como la doctrina más multifacética y más profunda del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico-universal del proletariado, creador de la nueva sociedad, de la sociedad comunista».
El primer tomo trata, además, de la teoría económica de Marx y del materialismo dialéctico, en su aplicación al estudio de la naturaleza (dialéctica de la naturaleza) y del desarrollo histórico de la sociedad humana (materialismo histórico).
De las obras de Marx consagradas a la teoría económica, damos aquí las conferencias pronunciadas por él en el Club obrero de Bruselas, en 1847 –«Trabajo asalariado y Capital»– y su informe ante el Consejo General de la Primera Internacional –«Salario, Precio y Ganancia»–. Estas dos obras son modelos de exposición popular y sirven de introducción a la esencia de la teoría económica de Marx, cuyo desarrollo y fundamentación completos se contienen en «El Capital», la obra fundamental del comunismo científico. En esta obra fundamental suya, trabajó Marx durante toda su vida.
En esta edición, sólo tomamos del «Capital» un fragmento, no muy extenso, del capítulo XXIV del primer tomo, en el que Marx hace el balance de su investigación y saca las conclusiones generales de la masa de materiales estudiados por él. En sus dos artículos sobre el «Capital», reproducidos aquí, y en el fragmento tomado de su prólogo al segundo tomo del «Capital», Engels traza en rasgos populares una síntesis del primer tomo de esta obra. En el fragmento del capítulo XXIV del primer tomo del «Capital», que se inserta a continuación, se expone la ley general del desarrollo de las relaciones capitalistas y se demuestra la bancarrota inevitable del capitalismo, la inevitable liquidación del régimen capitalista por la clase obrera, a través de su dictadura. Es uno de los modelos de aquella previsión científica, basada en el estudio de los hechos en todos sus aspectos, con la que nos encontramos en las obras de Marx y cuya justeza ha confirmado y confirma brillantemente todo el curso ulterior de la historia.
La lectura de todas las obras que dejamos enumeradas no tropieza con dificultades. Más difícil se hará la lectura de los artículos reproducidos a continuación, comenzando por el prólogo de Marx a su libro «Contribución a la crítica de la Economía Política». En estas obras, se trata, como ya dejamos dicho, de la filosofía del marxismo, del materialismo dialéctico, en su aplicación al estudio de la naturaleza y de la sociedad.
En su prólogo a la obra «Contribución a la crítica de la Economía Política», Marx relata el curso de sus estudios científicos y hace una exposición concisa, y al mismo tiempo completa, de los fundamentos de su teoría de la historia. En dos artículos sobre la citada obra de Marx, Engels caracteriza la significación y el contenido teórico de la teoría científica marxista. En una serie de cartas de Marx y Engels reunidas aquí, así como en el artículo de Engels «Sobre el materialismo histórico» y en el último capítulo del «Ludwig Feuerbach», se expone una síntesis magnífica del materialismo dialéctico, de la concepción materialista de la historia y del estudio materialista de ésta.
Finalmente, en la obra de Engels «Ludwig Feuerbach», se contiene una magnífica exposición del desarrollo de las ideas teóricas de Marx y Engels, se hace la crítica del materialismo (feuerbachiano) anterior a Marx y una exposición concisa de las ideas del materialismo dialéctico sobre la naturaleza y la historia.
En las obras de Marx y Engels, la claridad de exposición va asociada a la profundidad de contenido. En ellas, dice Lenin, «puede uno atenerse con confianza a cada frase, en la seguridad de que no hay ninguna escrita al azar, sino que todas se basan en enormes materiales históricos y políticos». Por eso, estudiar el marxismo acudiendo directamente a las fuentes es labor mucho más fácil y fructífera que hacerlo ateniéndose a otras diversas exposiciones. El que estudie a Marx y a Engels, pasa por la escuela más seria de trabajo científico. Pese a todas las dificultades, la lectura de sus obras es siempre extraordinariamente fructífera. El estudio de las obras de Marx y Engels aquí reunidas es la mejor introducción al caudal de sus ideas, da a conocer sus métodos y sirve de preparación para el estudio de obras más voluminosas y menos populares, principalmente para el estudio del «Capital».
En el marxismo, como dice Lenin, «no hay nada que se parezca al «sectarismo», en el sentido de una doctrina retraída y anquilosada, que haya brotado al margen de la gran ruta del desarrollo de la civilización humana». Marx se basa
«en el sólido fundamento de los conocimientos humanos, conquistados bajo el capitalismo. Después de estudiar las leyes del desarrollo de la sociedad humana, Marx comprendió la inevitabilidad del desarrollo del capitalismo, que lleva al comunismo y, lo más importante de todo, sólo demostró esto sobre la base del estudio más exacto, más detallado, más profundo de la sociedad capitalista, con ayuda de la completa asimilación de cuanto hasta hoy ha aportado la ciencia. Reelaboró críticamente todo lo que había sido creado por la sociedad humana, sin dejar de dirigir su atención sobre un solo punto. Reelaboró, sometió a crítica, contrastándolo sobre el movimiento obrero, todo cuanto había sido creado por el pensamiento humano y sacó aquellas conclusiones que los hombres circunscritos al marco de la sociedad burguesa o vinculados a los prejuicios burgueses no podían sacar».
Hemos citado aquí estas palabras de Lenin porque expresan con una claridad excepcional toda la importancia y el contenido teórico de la labor científica y práctica de Marx. Las palabras de Lenin nos dan una noción de la riqueza de contenido que en las obras de Marx se encierra. Se comprende, pues, que dadas las proporciones gigantescas de los materiales elaborados aquí por el autor, dada la riqueza excepcional del contenido de las obras aquí reunidas y la importancia de los temas tratados en ellas, se requiera una atención especial para el estudio de estas obras.
Saber aplicar en la lucha teórica y práctica por el comunismo los trabajos de los fundadores del comunismo científico Marx y Engels, saliendo al paso de las tergiversaciones socialdemocráticas y de otro género del marxismo: he aquí lo que debemos aprender del estudio de sus obras, he aquí lo que nos enseña el ejemplo de Lenin.
Hay que estudiar atentamente las obras aquí reunidas, releerlas una y otra vez, reiteradamente, enlazando este estudio con toda la labor práctica y apoyándose, para ella, en esta base científica. Todo el que trabaje por la construcción del socialismo, todo el que luche por la dictadura del proletariado, por el Poder soviético, todo el que combata por la liberación de los trabajadores, sacará de estas obras y aprenderá en ellas la clara conciencia de las tareas de la lucha que se está librando y la convicción inquebrantable del triunfo, basada en la comprensión científica de la lucha de clases que se desarrolla ante nuestros ojos.
Esta edición es, en realidad, la primera de su género. Hasta hoy, no existía una edición popular de las obras escogidas de Marx, una selección de sus obras que abarcase todos los períodos de su actuación y todas las partes integrantes de su teoría. La socialdemocracia no se planteó siquiera esta tarea.
La socialdemocracia oportunista, en su revisión del marxismo, no estaba interesada, ni mucho menos, en facilitar y poner verdaderamente al alcance de las masas el estudio de las obras de Marx, su actuación y su teoría revolucionaria. Sólo los Partidos Comunistas, partidos revolucionarios, se preocupan de estudiar sistemáticamente las obras de Marx, Engels y Lenin, difundiéndolas entre las masas y aplicando concretamente en la práctica las enseñanzas de estos grandes revolucionarios proletarios.
OBRAS ESCOGIDAS MARX-ENGELS en tres tomos.
1ª edición, Pamplona, 2015
21×15 cms., 500 págs.
Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo.
PVP: 22 euros (CADA TOMO)
3 tomos 66euros .


miércoles, 3 de junio de 2015

EL CEMENTO (novela soviética recuperada por Templando)

EL CEMENTO (de próxima aparición en Templando el Acero)
las obras de Gladkov, Fadéiev, Ostrovski, Gaidar, Makarenko y los relatos épicos de Shólojov forman el núcleo de una literatura comunista netamente realista. Cada uno de esos autores tiene sus propios rasgos individuales, y sería equivocado incluir a todos en la misma escuela literaria; lo que tienen en común es que sus obras, muy diversas artísticamente, expresan creencias idénticas.
Fyodor Gladkov(1883-1958), hijo de un campesino del Volga, que se había visto obligado a convertirse en proletario, pasó su infancia en una pobreza sórdida. Sus padres trabajaban en las pesquerías del Mar Caspio y en las hilanderías del Cáucaso. Por su parte probó muchos oficios y vocaciones, hasta que por último se hizo maestro de escuela primaria. Después se unió al movimiento socialista, fue arrestado y exilado a Siberia. Empezó a publicar en 1900 y se volvió hacia el periodismo y la ficción. Sus primeros cuentos, muy influidos por Gorki y en menor medida por Korolenko, son impresionistas.
En 1922, dos años después de haberse afiliado al Partido, Gladkov publicó "El corcel de fuego", donde pintaba la revolución en la region cosaca de Kubán; su estilo era florido y anti-realista. Su novela siguiente, Cemento (1925), fue aclamada en la URSS como una feliz afirmación de la ideología comunista. Está escrita en el lenguaje emotivo y muy ornamentado del período;
El estilo afectado del original era sólo un procedimiento para evocar las duras realidades de la vida. Los héroes de esta «primera novela soviética de la clase trabajadora» son verdaderos proletarios. Después de tres años de luchar en el Ejército Rojo, Gleb Chumálov, ex obrero mecánico, vuelve a su ciudad, un puerto del Mar Negro (aparentemente Novorossiisk), pero encuentra que su casa y su fábrica han sido destruidas. El hambre y la desesperación han dispersado a sus camaradas obreros; la epidemia se ha llevado a sus hijos. Su mujer Dasha ha pasado por los horrores y las pruebas de la guerra civil, pero se ha convertido en una Mujer Nueva, consciente de sus derechos. Afirma su libertad en todas las cosas, incluso el sexo, y ya no acepta la actitud de macho conquistador de Gleb. A pesar de sus arrebatos de celos, Gleb tiene que adaptarse a las nuevas condiciones, y reconstruir su relación conyugal partiendo de la «nueva moral bolchevique». En general todo tiene que ser reconstruido; la vida exige una reconstrucción completa: fábricas, casas, ciudades y costumbres.
Pero lo más urgente es reanudar el trabajo en la fábrica semi-demolida y abandonada, la principal empresa de la ciudad. Gieb se dedica de todo corazón a esta tremenda tarea. Tiene que vencer la apatía de los obreros agotados por las privaciones y el derramamiento de sangre, la falta de materiales de construcción y la amenaza de los contra-revolucionarios cuyas incursiones causan estragos y pánico. Su entusiasmo y su inflexible fuerza de voluntad vencen a Kleist, viejo ingeniero enemigo de los soviets y encauza la energía de Badín, un burócrata libertino. A pesar de muchos errores y reveses, a pesar de las ansiedades personales y las dificultades familiares, Gleb triunfa finalmente y la reapertura de la fábrica simboliza una nueva era: «confiamos en la sangre y nuestra sangre hizo arder todo el mundo; ahora, templados por el fuego, confiamos en el trabajo», proclama Gleb en un discurso aplaudido por cientos de obreros.
ЦементHay escenas de tortura y varios episodios de violencia y muerte que recuerdan al Tarantino soviético Andréyev o, aun peor, a Artsybáshev; Sin embargo, todas esas deficiencias literarias no impidieron que Cemento tuviera un éxito tremendo en Rusia, así como en el extranjero. Traducida a todas las lenguas de la Unión Soviética, en 1937 se habían vendido dos millones de ejemplares y aún sigue siendo muy leída.
Varias son las razones de su popularidad. Esta novela verdaderamente «proletaria» subraya el tema principal de la literatura comunista: la victoria de la confianza sobre el escepticismo, del esfuerzo sobre la indolencia, del trabajo sobre la inactividad. Y establecía una pauta que nada tenía que ver con la perfección literaria: lo más importante para la ficción de la novela comunista era expresar la fe y mostrar el triunfo de la esperanza.
Además Gladkov señalaba el trabajo constructivo como vehículo para la reanudación de la vida normal, y en los años 20 esto estaba en la mente de todo el mundo. Los compañeros de viaje hablaban demasiado sobre el holocausto de la Revolución y la Guerra Civil, y aquí había, una novela sobre la reconstrucción material y la nueva ética. Gladkov también trató de introducir un nuevo héroe —su muy romántico Gleb es el primero de una larga serie de comunistas voluntariosos, tenaces— y una nueva heroína, la mujer que rechaza el viejo código moral y no quiere ser «simplemente un ama de casa y una esposa». Cemento trata todos estos temas de una manera más bien realista, manera que resultó ser accesible a las masas interesadas en la representación directa.
Цемент (1973)La mecánica del best-seller en Rusia es la misma que en los países capitalistas con la diferencia de que la base de la atracción general reside en el contenido y en la afirmación de una creencia inconmovible, más que en una historia de aventuras o de erotismo. En los Estados Unidos (y en Occidente en general) grandes sectores del público buscan en los libros sobre todo entretenimiento, excitación o evasión, pero los rusos están tan condicionados por la tradición y por la Revolución que esperan encontrar en la lectura un eco de sus propios pensamientos y una respuesta a sus perplejidades y ansiedades, o por lo menos una indicación de lo que es bueno o malo. En la Unión Soviética un público nuevo, menos sofisticado que el de la época pre-revolucionaria, pero mucho más numeroso, pide a las obras de ficción una inspiración moral y social; de ahí el hecho de que mientras la literatura occidental de segunda o tercera categoría produce simple escoria, la literatura soviética produce novela de entretenimiento pero didáctica.
Nada de lo que Gladkov escribió después de Cemento igualó jamás la popularidad de esta novela de la reconstrucción. ENERGIA(1933), descripción naturalista de la construcción de una gigantesca hidrocentral en el río Dnieper, tenía una trama no tan excitante y retratos sentimentales de ingenieros comunistas; la figura central Mirón Vataguin, un organizador del Partido que 'lo arregla todo y vence todos los obstáculos, es particularmente pálida y artificial.
Durante 'la Segunda Guerra Mundial Gladkov completó sus apuntes de la vida fabril de los Urales con "El juramento", una novela corta escrita en un 'lenguaje afectado acerca del trabajo heroico estimulado por sentimientos patrióticos. Mucho mejores son sus novelas autobiográficas.
Hasta 1927 no hubo en la literatura comunista otro éxito clamoroso; ese año apareció una novela de resueltos méritos estético, llamada "La derrota", pero es otra historia.
Gladkov con el gran Gorki.